Aun recuerdo hace un año, en verano cuando estaba con unos amigos en la piscina y les comenté: estoy pensando en prepararme un triatlón para el 2018. Para ser sinceros, lo veía tan lejano que no le di la importancia, ni el esfuerzo que tendría en el futuro.

Me consideraba un chico que estaba físicamente bien preparado, desde muy pequeño he jugado al futbol, me encanta montar en bici de montaña, y solía correr entre dos o tres días a la semana, y ya había hecho un par de duatlones. El único pequeño problema que tenía, era la natación, nunca lo había considerado como un deporte.

Al día siguiente de haberlo hecho público, empecé a nadar (por decir algo), no fui capaz ni de hacer diez largos, terminé mareado, con ganas de devolver, con un dolor de músculos que no sabía ni que existían.

 

Suelo montar en bici con un amigo que hace triatlón, y que llevaba tiempo intentando convencerme para que probara el mundo del triatlón. Cuando volvimos a salir en bici le pregunte: ¿Oye, Álvaro que necesito para poder hacer un triatlón? Y el me respondió: Entrenar y ser constante, me comento que conocía a los del Club Triatlón de Salamanca, que eran muy majos y que me ayudarían en todo lo que necesitara, pero tenia que esperar hasta Enero.

Entonces desde ese momento decidí entrenar por mi cuenta. Me apunte a clases de natación en una piscina pública, los días que no nadaba, corría y el fin de semana montaba en bici y seguía jugando al futbol.

Y llego enero, y por fin me apunte. Fui al primer entrenamiento, un preparatorio para la San Silvestre de Salamanca, y en ese día me di cuenta de que no estaba físicamente bien preparado. Hicimos un entrenamiento de series, que según ellos eran suaves, pero para mí……. fue una pesadilla.

A partir de ese momento empecé a entrenar con el club, conocí a gente encantadora que me ayudaban en todo. Iba a todos los entrenamientos dirigidos que podía, se me hacían interminables sobre todo los de natación, donde me costaba y me cuesta levantar el brazo izquierdo fuera del agua, ya que tuve una pequeña operación de pequeño. Ahorré y conseguí una bici de carretera que estuve sin estrenar dos meses porque todos los fines de semana llovía. También entrenaba por mi cuenta siempre de noche porque es cuando mi trabajo me lo permite.

Y pasaron los meses hasta que llegue el triatlón de ciudad de Zamora. Una ciudad donde viví que por mi trabajo visito bastante y tengo mucho cariño.

¡Llego el momento de la verdad! Se dio el pistoletazo de salida y me metí con traje de neopreno en el agua, por los nervios no pude nadar y al final me sacaron los bomberos del agua, Fue una decepción, sentía que todo el tiempo empleado y esfuerzo no había servido para nada.

Pero como me dijo el gran entrenador Enrique: Ya sabes donde fallas, ahora solo tienes que solucionarlo. Al final de Zamora me quede con lo bueno. Me di cuenta de que no estaba preparado, tenía que entrenar más donde fallaba. Lo mejor de todo fue cuando los bomberos me sacaron del agua, por fin, pude montar en moto acuática, que fue la primera vez y única que lo he hecho.

También reconozco que todos los compañeros del club se volcaron conmigo y me animaron, lo agradezco muchísimo.

A partir de esa experiencia fui con mis compañeros a nadar en aguas abiertas, y poco a poco se me quitó el miedo que tenía. Seguí entrenando, salí un día con los del club con la bici de carretera, que si no es por Andrés y Enrique no llego porque me tuvieron que empujar.

Segundo intento. Triatlón en la ciudad de Valladolid, otro municipio que por mi trabajo también conozco muy bien. Decido salir el ultimo y empieza la carrera, esta vez no hacia falta el traje de neopreno. Consigo salir del agua sin ningún percance y con la satisfacción de haber adelantado a varios en el agua. Hago la transición a la bici muy de novato, pero prefiero ir sobre seguro. En la mitad del trayecto me junto a una grupeta de tres triatletas, que me dicen que son novatos en este mundo y decidimos ayudarnos haciendo relevos. Cada vez que pasaba por la zona de transición ahí estaba Álvaro, un compañero del club que no pudo competir por lesión, pero nos estaba dando un chute de energía con su altavoz. Y ya solo tocaba la carrera a pie, que fue sobrevivir. Por fin llegue a la meta donde me esperaban todos los compañeros animando. Fue una experiencia fantástica.

Después de casi un año de entrenamiento, después de trabajar, puedo decir que valió la pena, pero no por el entrenamiento o la competición, si no que gracias al deporte he podido tener la suerte de conocer a gente fantástica.

Se que estoy empezando en este deporte y que tengo muchísimo que mejorar, pero esto es como la vida, solo se necesitas esfuerzo y constancia, para poder avanzar.

 Sebastián de Vicente García.

 

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