Es Domingo por la mañana, hace frío… mucho,  me pregunto, ¿por qué  estoy en el Noroeste cuando debería estar en el Sureste?.  ¿Por qué hago esto?   En una hora estaremos en el agua y está anunciada lluvia. ¿por qué hago esto?!!. 

    

 Mientras caminamos para el box, repaso por quinta vez si metí todo en la mochila, me miro el pie, para asegurarme que el chip sigue ahí, en fin… los rituales de siempre, los de todos.  Ya en la playa la noche se va transformando en día, 8’ para la largada, llega el momento, no la estoy pasando bien en el agua, nada bien, a duras penas termino de hacer la primer vuelta, salgo;  tengo que volver a entrar…estoy parada en la orilla y una horda de gorros se suceden por ambos flancos, -creo que no voy a entrar-  Mientras estoy en eso, alguien me pregunta algo así como “¿qué haces?”, o “si estoy bien?”, no me acuerdo… es Juampi?, ¿cómo me vio? Ostias ¿cómo me vio un triatleta del club en este jaleo? Le grito que estoy bien y me tiro… la segunda vuelta, es un poco mejor.

 Ya en la bici, pienso: ¿cómo remonto el desastre del agua?, es que… era un circuito rápido, amable y lo desperdicie!...si lograra  alcanzar a una chica, una sola…..me levantaría el ánimo, ahí esta ¡!! ¡Es una mujer, la paso, estoy feliz, vamos!!, me repito, pedalea! Después vemos cómo resolvemos la parte a pie, segunda vuelta, voy sintiéndome mejor, una cuesta...tengo que pasar a uno, juraría que tarde menos de 20”,  me cobran drafting, 5’ en el penalty,  otra vez en el fondo del mar.

 ¡¡¡Esta carrera esta fregada!!!, descargo mi frustración en los pedales y me juro alcanzar a las dos que me pasaron mientras cumplía la pena, aunque sea lo único que haga, lo logro, pero gaste más de la cuenta, dejo la bici y salgo a correr, alguien me dice que lo siga, lo hago, es un corredor que no conozco, no deja que me quede, me grita, Vamos!!! ¡No te descuelgues!!, miro el reloj 4’ 43” (¡este no es mi ritmo, pienso…pero lo aguanto mientras pueda!, que sea lo que Dios quiera) Estamos por terminar mi segunda vuelta, su tercera.  Lo último que me grita es “en media hora te quiero en la meta!!”… 30’ después,  paso el arco y me cuelgan la medalla de finisher, y es ahí, justo ahí cuando me acuerdo  por qué hago esto.  Porque, el Triatlón, te pone al límite, a tu limite y lo que haces es correrlo un poco más allá.  Hago esto, porque en el triatlón siempre hay un compañero de equipo que te dice lo que tenes que escuchar para seguir, hago esto, porque no hay desconocidos en una carrera, somos todos triatletas; disfrutamos sufriendo, queremos más.  

PD: Y tenía que ser en el  Noroeste, en Galicia, donde se come el mejor pulpo del mundo, porque lo comes con tus compañeros de equipo. 

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